La imaginación es una de las
herramientas más valiosas que posee el ser humano y que por fortuna en la
infancia toma forma, espacio y tiempo. Es una aliada de los procesos creadores,
en todos los juegos y en cada expresión.
Los niños son grandes creadores, su imaginación fluye de manera espontánea y natural. Los adultos tenemos más
represiones sociales e individuales que les limitan todo su potencial creador.
Sin embargo, la creatividad es fundamental en el desarrollo aprendizaje y
trascendencia del ser humano, y debe ser estimulada en cada instante de la
vida.
Muchas veces los adultos
reglamentamos, cohibimos e intimidamos el proceso creador del niño sin que
seamos conscientes de ello. Los adultos estamos muy atados a la realidad y nos
mostramos temerosos ante la avasallante imaginación de los niños.
Deberíamos demostrarles que el
mundo real y la fantasía deben coexistir en armonía. Y aún teniendo claro que
la diferencia entre ellas es necesaria, deben aprender a identificar que cada
una tiene un tiempo y un espacio y que ambas son una pareja fundamental en la
realización de sus proyectos.

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